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LOS JARDINES DE ROCALLA

Llamamos jardines de rocalla a las ins­talaciones de plantas en las que el hom bre y la naturaleza se alian para crear un conjunto de rocas que parecen encon trarse en su medio natural.
Estas piedras pueden ser más o me nos decorativas y mantener su aspecto natural. Pero en un muro de contención, donde se realizan aberturas para las plantas, se puede efectuar una fórmula de rocalla llamada «muro florido», con la condición de que la elección de las plan tas sea la misma que en un jardín de ro calla.
Las piedras y las plantas contribuyen a este tipo de arreglo y es conveniente estudiar tanto unas como otras para des­cubrir la fórmula más apropiada.

LAS DIFERENTES FÓRMULAS DE JARDINES DE ROCALLA

Existen numerosas fórmulas de pre­sentación de una rocalla. A continuación indicaremos algunas.
•La más común es un macizo con un ligero relieve que puede alcanzar hasta 1 metro de altura y cubre varios metros cuadrados, donde las piedras se colocan en forma de capas, ordenadas y natura­les, formando gradas superpuestas y se­paradas por tierra.
• Un talud acentuado, que alcance unos 2 ó 3 metros de altura, puede así mismo tratarse de la misma manera, con la ventaja que es más espectacu lar.
• Una tapia puede recibir el apoyo de un talud de tierra que se tratará con mo tivos de rocalla
• Un estanque de agua de modestas dimensiones puede acoger sobre uno de sus bordes motivos en relieve tratados con el mismo estila
• Un terreno llano puede también tra tarse con rocallas, trazando calles sinuo sas, cargando tierra sobre los arriates y colocando algunas piedras.
• Un muro de contención, sobre todo si tiene una ligera pendiente y se puede rellenar de tierra en alguna de sus par tes, puede adornarse con rocallas.
• Un enlosado llano de piedras irregu­lares (o incluso regulares), con juntas hol­gadas, puede contener plantas alpinas.
• Un desprendimiento de rocas artifi cial, realizado en el sentido de una fuer te pendiente que se coronará con bellas piedras verticales,, puede recibir plantas de rocalla. En la base del desprendimien to se colocarán piedras más grandes, en Sa parte central piedras más pequeñas, y en la parte alta grava y arena fina.
• Una morrena formada por una capa de arena gruesa con piedras pulidas pue de acoger numerosas plantas. Es impor tante que e! agua humedezca la capa de arena.
• Los pilones pequeños de piedra (o de un tamaño más grande si es posible) son excelentes recipientes para acoger minijardines de rocalla, sobre todo apre­ciados para el cultivo de siemprevivas, telefios o algunas saxífragas de hojas co­riáceas.

LA ELECCIÓN DE LAS PIEDRAS

La elección de las piedras es importan te para la formación de una bella roca lla. En principio se escogerán bloques de rocas pequeñas o medianas, las cuales se colocan sin intervención (excepcional) de ingenios demasiado costosos.
Las piedras se extraerán por lo gene ral de la región próxima al jardín.La va riada geomorfología española permite al aficionado encontrar diferentes materia les de interés sin alejarse demasiado de su residencia. A veces se deben traer de otros lugares más alejados, si se quiere una rocalla específica, aunque el precio también variará.

LAS ROCAS CALCÁREAS

Las rocas que provienen de macizos calcáreos erosionados y con frecuencia agrietados en la superficie forman un material ideal para la mayoría de los jar dines de rocalla.Es el tipo de roca que predomina, por ejemplo, en los Pirineos centrales o en la cordillera catalana. Es tas piedras tienen grietas ordenadas con un cierto sentido. Es muy importante te ner en cuenta esta orientación al colo car las rocas en el jardín alpino: vigilar que las estrías estén en sentido horizon tal en relación al suelo, y no colocarlas de forma vertical. El mero hecho de evi tar este contrasentido es ya una señal de buena realización. En la medida de lo posible, se intentará formar bancos más o menos largos (de uno o dos metros) con estas piedras, para realizar la siem bra en bloques enterrados. Estos bancos permiten acumular la tierra detrás de ellos, lo que servirá de contención con una presentación estética. También se pueden formar bancales sucesivos, apro ximadamente de un metro de largo, for mando arriates o compartimientos en los que se instalarán las plantas en forma de grandes macizos cuando que sea posi ble (mejor que pies aislados). Un drena je profundo bajo los arriates es útil en al gunas ocasiones. Se instalarán con la ayuda de tiestos de cerámica o equiva lentes (ladrillos o tejas rotas, tiestos de botellas, cagafierro, morrillos triturados, etc.), con una capa de turba o restos ta mizados de tierra de brezo. La capa de tierra debe tener un espesor mínimo de 10 a 20 centímetros.

LAS ROCAS CRISTALINAS

En viejos macizos como los de Alme ría, Murcia o Sierra Morena las rocas son cristalinas y están formadas por masas semejantes al granito, de gneis o piza rras cristalinas. La arenisca es también cristalina. La gran mayoría de estas ro cas no presentan el aspecto agrietado de las calcáreas subalpinas, sino que tienen forma de bloques pesados. Se debe evi tar en cualquier caso, la mezcla de dife rentes tipos de piedras y, si los bloques cristalinos son de forma alargada, se de ben utilizar en sentido horizontal. De to das maneras, hay que evitar colocarlos de punta; lo mejor es utilizar bloques grandes si se quiere realizar un relieve. Algunas adormideras azules del Himala-ya plantadas en el pie tendrán un aspec to maravilloso delante de esa masa.

LOS ARRIATES DE CORONAMIENTO DE TOBA

Estos arriates relativamente estrechos (30 a 50 cm) se elevan entre dos peque ños muros de toba. Esta roca deriva de la dolomía, en la cual las sales de calcio se han disuelto por el agua de lluvia y forman agujeros en forma de esponja. Antiguamente, en la época romana, se utilizaba este tipo de piedras para el co­ronamiento de las partes altas de las campanas, pues contribuían a su alige­ramiento. Es un tipo de piedra que se puede cortar con gran facilidad, es de cir, resulta un material precioso para el realizador de rocalla: permite crear arria tes altos para el cultivo de plantas que se alteran con Sa humedad, como es el caso de las Acantholimon, las Lewisia, las Cytisanthus horridus que crecen so las sin problemas en estas realizaciones.

LA ELECCIÓN DE LAS PLANTAS

La disposición de las plantas es muy variable según su naturaleza, su tama ño, su sociabilidad. Algunas hacen más efecto en grupo o en matorrales, como es el caso de las especies consideradas tapizantes: las Alyssum, las Acaenas, las Aquileas tomentosas, las Arabis, las Aubrietas, las Paronychias, las Flox su-bulata, etc. Otras, más altas, deben es tar agrupadas en matas más o menos importantes que la de las especies ba jas: como los acónitos, las ancolias, las Heuchera, las campánulas, la penstemon alta, etc.
En los muros floridos, se pueden co locar especies de aspecto espumante, como las Alyssum, las Aubrietas, las ibé-ridas, las campánulas de murallas o de los Cárpatos.
Para los adoquinados, es mejor poner especies encespedadas, como la Arena ria baleárica, Mentha requienii, Sagina subulata, o especies de matas de poca altura como las Armería, las Antemaria, los pie de gato, los claveles, las adormi deras enanas de flores amarillas, blancas o naranjas, etc.
Para las morrenas se usan especies rastreras como la campánula de Allioni, la campánula de Mont Cenis, el crisan temo de los Alpes, el pensamiento de Mont Cenis, el epilobio de Fleischer, las saxífragas de hojas opuestas, etc.
Para los desprendimientos finos, Achilea nana, Arenaria purpuracens, Linaria elpina, Thlaspi de hojas redondas.
Para los desprendimientos medianos se puede probar con Geum reptans, Ge-ranium macrorhizum, Scutellaria alpina, Gypsophila repens.
Para los desprendimientos gruesos, Oenothera missouriensis, Pulsatilla alpi­na, Allium narcissiflorum, Adonis pyre-naica.
En las rocallas húmedas, se puede co­locar Caltha palustris, Cortusa matthioli, las primaveras, los trolios, algunas penstemon, y todas aquellas que nece siten humedad.
Entre las grietas o entre las rocas, se pueden emplazar Armería caespitosa, los Dianthus diversos, Draba aizoides y otras, Edraianthus diversos, Erinus alpi-nus, saxífragas diversas, etc.